25/12/11

ODA A FEDERICO GARCÍA LORCA

  • Si pudiera llorar de miedo en una casa sola,
    si pudiera sacarme los ojos y comérmelos,
    lo haría por tu voz de naranjo enlutado
    y por tu poesía que sale dando gritos.
    Porque por ti pintan de azul los hospitales
    y crecen las escuelas y los barrios marítimos,
    y se pueblan de plumas los ángeles heridos,
    y se cubren de escamas los pescados nupciales,
    y van volando al cielo los erizos:
    por ti las sastrerías con sus negras membranas
    se llenan de cucharas y de sangre,
    y tragan cintas rotas, y se matan a besos,
    y se visten de blanco.
    Cuando vuelas vestido de durazno,
    cuando ríes con risa de arroz huracanado,
    cuando para cantar sacudes las arterias y los dientes,
    la garganta y los dedos,
    me moriría por lo dulce que eres,
    me moriría por los lagos rojos
    en donde en medio del otoño vives
    con un corcel caído y un dios ensangrentado,
    me moriría por los cementerios
    que como cenicientos ríos pasan
    con agua y tumbas,
    de noche, entre campanas ahogadas:
    ríos espesos como dormitorios
    de soldados enfermos, que de súbito crecen
    hacia la muerte en ríos con números de mármol
    y coronas podridas, y aceites funerales:
    me moriría por verte de noche
    mirar pasar las cruces anegadas,
    de pie y llorando,
    porque ante el río de la muerte lloras
    abandonadamente, heridamente,
    lloras llorando, con los ojos llenos
    de lágrimas, de lágrimas, de lágrimas.
    Si pudiera de noche, perdidamente solo,
    acumular olvido y sombra y humo
    sobre ferrocarriles y vapores,
    con un embudo negro,
    mordiendo las cenizas,
    lo haría por el árbol en que creces,
    por los nidos de aguas doradas que reúnes,
    y por la enredadera que te cubre los huesos
    comunicándote el secreto de la noche.
    Ciudades con olor a cebolla mojada
    esperan que tú pases cantando roncamente,
    y silenciosos barcos de esperma te persiguen,
    y golondrinas verdes hacen nido en tu pelo,
    y además caracoles y semanas,
    mástiles enrollados y cerezas
    definitivamente circulan cuando asoman
    tu pálida cabeza de quince ojos
    y tu boca de sangre sumergida.
    Si pudiera llenar de hollín las alcaldías
    y, sollozando, derribar relojes,
    sería para ver cuándo a tu casa
    llega el verano con los labios rotos,
    llegan muchas personas de traje agonizante,
    llegan regiones de triste esplendor,
    llegan arados muertos y amapolas,
    llegan enterradores y jinetes,
    llegan planetas y mapas con sangre,
    llegan buzos cubiertos de ceniza,
    llegan enmascarados arrastrando doncellas
    atravesadas por grandes cuchillos,
    llegan raíces, venas, hospitales,
    manantiales, hormigas,
    llega la noche con la cama en donde
    muere entre las arañas un húsar solitario,
    llega una rosa de odio y alfileres,
    llega una embarcación amarillenta,
    llega un día de viento con un niño,
    llego yo con Oliverio, Norah,
    Vicente Aleixandre, Delia,
    Maruca, Malva Marina, María Luisa y Larco,
    la Rubia, Rafael, Ugarte,
    Cotapos, Rafael Alberti,
    Carlos, Bebé, Manolo Altolaguirre,
    Molinari,
    Rosales, Concha Méndez,
    y otros que se me olvidan,
    Ven a que te corone, joven de la salud
    y de la mariposa, joven puro
    como un negro relámpago perpetuamente libre,
    y conversando entre nosotros,
    ahora, cuando no queda nadie entre las rocas,
    hablemos sencillamente como eres tú y soy yo:
    para qué sirven los versos si no es para el rocío?
    Para qué sirven los versos si no es para esa noche
    en que un puñal amargo nos averigua, para ese día,
    para ese crepúsculo, para ese rincón roto
    donde el golpeado corazón del hombre se dispone a morir?
    Sobre todo de noche,
    de noche hay muchas estrellas,
    todas dentro de un río,
    como una cinta junto a las ventanas
    de las casas llenas de pobres gentes.
    Alguien se les ha muerto, tal vez
    han perdido sus colocaciones en las oficinas,
    en los hospitales, en los ascensores,
    en las minas,
    sufren los seres tercamente heridos
    y hay propósito y llanto en todas partes:
    mientras las estrellas corren dentro de un río interminable
    hay mucho llanto en las ventanas,
    los umbrales están gastados por el llanto,
    las alcobas están mojadas por el llanto
    que llega en forma de ola a morder las alfombras.
    Federico,
    tú ves el mundo, las calles,
    el vinagre,
    las despedidas en las estaciones
    cuando el humo levanta sus ruedas decisivas
    hacia donde no hay nada sino algunas
    separaciones, piedras, vías férreas.
    Hay tantas gentes haciendo preguntas
    por todas partes.
    Hay el ciego sangriento, y el iracundo, y el
    desanimado,
    y el miserable, el árbol de las uñas,
    el bandolero con la envidia a cuestas.
    Así es la vida, Federico, aquí tienes
    las cosas que te puede ofrecer mi amistad
    de melancólico varón varonil.
    Ya sabes por ti mismo muchas cosas,
    y otras irás sabiendo lentamente.

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